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Emociones

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Por: Erika Salinas
 
En una ocasión, acordé tener una entrevista en Chilpancingo con la Psicóloga Azucena Moncayo Cesáreo para conversar sobre las emociones, esta entrevista fue transmitida en el Programa Ser Mujer Construyendo Igualdad hace algunos años, pero su contenido me hace reflexionar lo mucho que aún incomoda hablar de las emociones, porque implica responsabilizarse de la propia vida. 
 La psicóloga Azucena Moncayo, planteó que, en el momento en que una persona deja de culpar a otros por lo que siente o le ocurre, se enfrenta a la verdad de que ya no hay a quién responsabilizar; Culpar a “los otros” siempre resulta más sencillo que reconocer que nuestras emociones, decisiones y reacciones nos pertenecen.
 
Desde esta perspectiva, muchas personas viven cediendo el control de su vida. Seguramente hemos escuchado frases como “tú me hiciste enojar” , o peor, las hemos dicho o sentido, sin embargo, la verdadera libertad implica hacerse cargo de lo que uno siente, y esa libertad, aunque deseada, también genera miedo. Ser libre significa no tener excusas, y eso confronta directamente con nuestras inseguridades y hábitos.
 
La psicóloga Azucena, mencionó que el aprendizaje, es constante. Nunca se termina de aprender, pero también es necesario desaprender. Las creencias adquiridas, ocupan espacio en nuestra mente e impiden incorporar nuevas formas de pensar y de vivir. Solo al “vaciar el vaso” podemos transformarnos. Este proceso conecta con el propósito de vida y la dimensión espiritual, entendida no como religión, sino como la búsqueda del sentido personal. 
En este camino, la educación emocional aparece como una herramienta fundamental, aunque históricamente ignorada. “Durante mucho tiempo se valoró únicamente la inteligencia académica, pero hoy se reconoce la importancia de la inteligencia emocional,  la capacidad de gestionar lo que sentimos.” No se trata de dejar de experimentar emociones como el enojo, sino de decidir cómo, cuándo y con quién expresarlas. Ser consciente sustituye a la impulsividad.
 
También abordamos sobre el poder de la mente, y coincidimos en que hemos escuchado constantemente que “la mente es poderosa”, pero no hemos alcanzado a dimensionar los alcances; basta imaginar un alimento para que el cuerpo reaccione físicamente, lo que  demuestra que el cerebro no distingue claramente entre realidad e imaginación; el  problema frecuente de las personas es la tendencia a enfocarnos en los pensamientos negativos, generando sufrimiento a partir de escenarios que ni siquiera han ocurrido.
 
La psicóloga Azucena mencionó que, “ el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.” El dolor es una experiencia inmediata, el sufrimiento es prolongarlo mentalmente. Muchas veces, las personas viven atrapadas en lo que imaginan, no en lo que realmente sucede. Esto explica conflictos innecesarios, reacciones desproporcionadas y estados emocionales autogenerados.
 
Frente a una realidad compleja en el entorno,  no siempre podemos cambiar lo que ocurre afuera, pero sí podemos decidir cómo vivirlo. Esto implica aceptación, no resignación. Aceptar que la vida incluye la muerte, que lo incierto es inevitable y que el control absoluto no existe,  se trata de vivir con mayor conciencia del presente.
 
Algo que quedó claro, es que no necesitamos atravesar experiencias difíciles para hacer reflexiones y tener autoconciencia de la vida, preguntarnos ¿soy feliz?, ¿me gusta mi vida?, ¿qué quiero cambiar?, pueden ser el inicio de un proceso de crecimiento personal, porque  requiere acción y disposición a salir de la zona de confort. No basta con desear ser feliz, hay que estar dispuesto a pagar los costos del cambio,  como la incomodidad, el esfuerzo y la incertidumbre. El miedo siempre estará presente, pero no debe ser un obstáculo que paralice.
 
Para el cierre del programa la psicóloga Azucena Moncayo, compartió que cada persona tiene la capacidad de construir su propia vida, pero esa construcción comienza desde dentro. Cambiar el mundo puede ser inalcanzable, pero cambiarse a uno mismo es posible. Y en ese cambio, incluso las experiencias negativas pueden resignificar y convertirse en fortaleza.
 
“Vivir plenamente no depende de las circunstancias externas, sino de la conciencia, la responsabilidad y las decisiones internas”. La felicidad no es un ideal lejano, sino una práctica diaria que exige valentía, compromiso y autoconocimiento.

 

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