Por: Erika Salinas
Cuando se reiniciaron las transmisiones del programa de radio Ser Mujer Construyendo Igualdad después de varios meses sin realizar programa a causa de la pandemia de COVID-19, la primer invitada del año 2022 fue Nayeli Rodríguez, integrante de Raiz Zubia, con quien compartimos una charla sobre partería tradicional desde una mirada feminista. Nayeli narró que desde el 2010, colabora en Raíz Zubia, organización que tiene mayor incidencia en la Región Costa Grande de Guerrero y que, a pesar de las limitaciones que tuvieron a partir de la pandemia lograron documentar algunas situaciones y dar acompañamiento en temas de derechos sexuales y reproductivos; así también recordé que años atrás, Nayeli y Susana Oviedo habían asistido al programa para hablar sobre la campaña “En Guerrero vamos por la partería”, que fue parte de las muchas acciones que han realizado para promover y fortalecer esta práctica ancestral.
Como parte de la experiencia de mi parto -hace ya varios años- reconocí, que la confianza hacia los médicos muchas veces se genera desde el desconocimiento o la falta de información, por lo que la modernidad, en este caso, trajo consigo en el discurso y en el trato, que la partería era una práctica obsoleta, como si sólo los hospitales fueran los únicos idóneos para atender a las mujeres embarazadas, pero Nayeli nos recordó que en Guerrero, hace apenas treinta o cuarenta años, más del 40% de los partos eran atendidos por parteras, lo que demuestra que la partería ha sido el pilar más constante y cercano de salud para las mujeres.
Además, mencionó que los sistemas de salud han capacitado a las parteras, sólo desde el discurso médico, pero no existe un diálogo de saberes. “Se les enseña como si no supieran nada, como si su experiencia fuera inferior al manual farmacológico moderno y el saber médico se coloca como superior, mientras el saber de las mujeres se relega, se desconfía o se criminaliza”. Poniendo la mirada feminista, reflexioné en el cómo las partería tradicional se conjuga muchísimo con la armonía, el acompañamiento de mujeres a otras y transmitir conocimientos como la herbolaria tradicional, los consejos del cómo maternar, cómo lactar y cómo acercarte a hacer este vínculo de madre e hijos o hijas y que, además contiene una gran cantidad de compromiso social; sin embargo Nayeli, habló de no romantizar ni generalizar porque el feminismo también ha aportado un análisis sobre el Cristianismo y todas las ideas que se empezaron a instaurar desde la persecución de las mujeres, lo que Silvia Federici llamó una cacería de brujas, y que, a partir de ahí, hay una persecución a los saberes de las mujeres que fueron quemadas; lo que hoy llamamos partería tradicional estuvo en el centro de la persecución de mujeres durante la cacería de brujas en Europa. Las parteras fueron señaladas, castigadas y borradas de los nacientes sistemas médicos porque representaban autonomía femenina sobre la reproducción, sobre la sexualidad y sobre el cuerpo. Citando a Silvia Federici, “el control del cuerpo de las mujeres fue parte del levantamiento del capitalismo moderno, había que disciplinar, regular y medicalizar la vida.”
En Guerrero, muchas mujeres indígenas son obligadas por personal médico a no acudir con parteras; otras reciben amenazas de que no se les entregará constancia de nacimiento si el parto no ocurre en un hospital. Existen casos de criminalización directa, y pese a ello, las parteras siguen atendiendo donde nadie más llega, por lo general en comunidades donde no hay personal de salud suficiente o donde sólo hay una clínica atendida por un residente que rota cada año.
Nayeli compartió que en Guerrero coexisten distintas formas de partería, la tradicional, ejercida por parteras comunitarias, y las de formación profesional, que ya cuentan con la licenciatura en partería. Aunque esta diversidad es positiva, se ha denunciado que los modelos institucionales suelen subordinar, marginar o discriminar los saberes tradicionales, pese a que siguen siendo fundamentales incluso en zonas urbanas como Acapulco, donde muchas parteras ya no atienden partos en la ciudad, pero continúan orientando y acompañando a las mujeres. Ante este panorama, incluso en las ciudades, la cercanía a servicios médicos no garantiza el acceso real a la salud, especialmente para quienes forman parte de comunidades indígenas o para quienes viven en zonas suburbanas, por lo que, el trabajo de parteras y personas con conocimientos en temas de salud, como curanderas, hueseros, herboristas, entre otros, sigue siendo importante para la atención de la salud.
Algo fundamental es que la partería tradicional ha persistido pese a los obstáculos y cumple un papel central en el acceso a derechos sexuales y reproductivos, acompaña el embarazo, parto y puerperio, brinda consejería, orientación anticonceptiva y apoyo a mujeres víctimas de violencia. Lo esencial es garantizar que las mujeres puedan ejercer su derecho a decidir y acceder a una atención de salud digna, desde la opción que les genere mayor confianza.
En palabras de Nayeli, la partera es esa figura que acompaña, sostiene, masajea, escucha, cura con hierbas, tranquiliza con palabras, transmite consejos sobre lactancia, puerperio, alimentación y crianza; se ha vuelto también consejera emocional, sanadora espiritual y soporte comunitario. Algunas aprenden por linaje, otras por observación, otras de forma autodidacta, pero todas comparten que su práctica es necesaria y reconocida por la comunidad.
Si todas reflexionamos sobre nuestros partos, seguramente tendremos recuerdos, donde no necesariamente fuimos las protagonistas, sino todo se limitó a seguir instrucciones, no ser informadas sobre los procedimientos, o simplemente no decidimos cómo parir; cesáreas innecesarias, intervenciones apresuradas, separación del bebé, entre otras cosas, que nos hace preguntarnos ¿Qué tiene que ver la partería con el feminismo? La respuesta es, todo. Parir es un hecho profundamente político. La partería cuestiona la idea de que el cuerpo de las mujeres pertenece al Estado, a la Iglesia, al médico o a la familia. Reivindica el derecho a elegir cómo, dónde y con quién parir; el derecho a decidir si queremos ser madres o no; el derecho a transitar el embarazo sin violencia institucional; el derecho a recibir cuidado respetuoso.
A pesar de ello, la discriminación persiste, Nayeli expresó que “No existe un reconocimiento real”, mientras la política pública cambia de enfoque cada sexenio, se pierde la memoria histórica, se olvida que las parteras han salvado vidas durante generaciones, que, incluso en ciudades como Acapulco, muchas siguen activas y acompañando a mujeres indígenas migrantes que no encuentran atención culturalmente adecuada en hospitales.
Hacia el final de la charla, reflexionamos sobre el futuro ¿cómo articular la partería con la medicina moderna sin subordinarla? ¿Cómo avanzar en políticas públicas que realmente reconozcan el valor de la partería tradicional y no la usen sólo como discurso? Existen algunos ejemplos como hospitales que incorporan técnicas como el parto en agua o el uso de cintas para permitir posiciones verticales; salas donde se permite la presencia de una partera como acompañante; programas para casas de atención a mujeres embarazadas indígenas. Y sin embargo, como señaló Nayeli, muchos de esos avances se han perdido por falta de continuidad institucional.
Lo que queda claro es que las mujeres necesitan opciones reales, como información, libertad de elección, así como ejercer sus derechos sexuales y reproductivos. Algo que la partería tradicional, ofrece y que empodera a las mujeres, al brindar acompañamiento, lo que contribuye a que las mujeres tengan mayor poder de decisión, en un momento tan importante como traer vida al mundo.
