Por: Erika Salinas
El Programa de radio Ser Mujer Construyendo Igualdad empezó a transmitirse en el mes de mayo del año 2015 y cada emisión fue de reflexión sobre los anhelos de cambio por alcanzar como sociedad, analizando al género como una opresión para muchas mujeres sin importar su condición socioeconómica o nivel educativo.
La primer invitada al programa fue Viridiana Gutiérrez Sotelo, integrante del grupo Plural por la Igualdad y el Avance de las Mujeres en Guerrero y era muy notable el trabajo colectivo que se generaba en ese entonces con algunos grupos de mujeres, sin embargo, los avances hacia la igualdad eran bastante lentos. Me di cuenta de que, aunque pareciera que no hemos avanzado mucho, la historia nos demuestra que, las mujeres hemos recorrido un camino largo y difícil para llegar a donde estamos hoy. Viridiana reflexionó, “Aunque a veces parece que no hemos avanzado, si lo observamos en perspectiva histórica, los logros de las mujeres son enormes. Hace menos de 60 años no teníamos derecho al voto ni reconocimiento como ciudadanas. Gracias a los movimientos feministas, hoy las mujeres podemos trabajar, gozar de licencias de maternidad y ejercer muchos otros derechos. Cada vez más mujeres se profesionalizan en temas de derechos humanos, tratando estos asuntos de manera seria y no como un capricho o radicalismo. Además, es importante equilibrar la vida personal y profesional, negociando con la familia y las responsabilidades personales, sin descuidar las demandas del movimiento de mujeres. El objetivo es lograr un balance que permita avanzar en ambos ámbitos.”
Viridiana recordaba que, muchos de los derechos que ahora damos por sentados son resultado del trabajo incansable de miles de mujeres que alzaron la voz. Mujeres que se atrevieron a decir “esto no está bien”, y que a pesar de ser juzgadas o ignoradas, siguieron adelante. Eso me hizo pensar en cuánto le debemos al feminismo, incluso cuando no todas se identifican con este movimiento social.
Cuando abordamos sobre los roles de género, Viridiana los describió como una especie de guión que nos ha sido asignado desde que nacemos tú, por ser mujer, debes cuidar, estar al servicio de los demás, ser delicada, sacrificada, perfecta. Y tú, por ser hombre, debes proteger, proveer, no llorar, no mostrar debilidad. No es algo que elegimos. Es algo que simplemente se nos impone. Y aunque muchas veces creemos que estamos decidiendo libremente, la verdad es que estamos obedeciendo mandatos sociales que se dan por hecho.
Dentro de mis reflexiones personales, pensé en cómo hasta las personas que nos hemos involcrado o informado un poco más sobre los derechos humanos y la perspectiva de género, también llegamos a reproducir esos mismos roles o estereotipos, "hay ciertas cosas que no está fácil desaprender, porque han sido de nuestra construcción, educación y nos los siguen reforzando. Nos sentimos culpables porque hay demasiada presión para ser perfectos para ser buenos hombres y para ser buenas mujeres; reconozco y acepto que he sentido mucha culpa en muchas ocasiones, esa sensación constante de estar quedando mal en algo; si trabajo mucho, me siento mal por no estar más tiempo con mi familia; si me quedo en casa, me siento inútil, porque sé que soy capaz de más y las expectativas siempre son más altas. Parece que nunca es suficiente." Y por lo que veo, o escucho de amigas, mujeres de mi familia, compañeras de trabajo, todas cargamos, de alguna manera, con esa culpa aprendida, como si ser mujer fuera una eterna evaluación que nunca se aprueba del todo.
Y además, los roles de género no se trata solo de mujeres. A los hombres se les ha prohibido llorar, expresar tristeza o tener miedo; en lo general se les ha enseñado que su valor está en su capacidad de producir, de mandar, de ser quienes generan; esa presión no desaparece, se acumula y se convierte en frustración; y es que, en la actualidad,es muy difícil que se cumplan los roles tradicionales, muchos hombres ya no pueden asumir plenamente el rol de proveedores y las mujeres han tenido que salir a trabajar tanto para sostener económicamente a la familia como para desarrollarse y mostrar sus talentos. Sin embargo, ellas no solo asumen ese nuevo rol, sino que continúan cumpliendo el rol tradicional de cuidado y educación de los hijos, cuando la crianza es responsabilidad de ambos padres, ya que traer un hijo al mundo implica una responsabilidad compartida; y aun en la ausencia, los hombres educan con su ejemplo, transmitiendo modelos donde el padre se va y la madre permanece o carga con la mayor parte del cuidado, lo cual influye directamente en la formación de los hijos.
Cada vez nos queda más claro que los roles de género son una construcción. Nos han dicho cómo debemos ser, cómo vestir, cómo comportarnos, qué aspiraciones tener. Pero todo eso no es natural, no es innato. Es aprendido y si fue aprendido, también lo podemos desaprender, no es fácil, porque implica deconstruir todo como socialmente nos formaron, nos atrapan los hábitos, los miedos, el “qué dirán”, sin embargo, es inspirador, que muchas mujeres en la historia, se han salido de los moldes establecidos, por lo que, también es posible para nosotras.
Lo que me dejó esta conversación con Viridiana fue darnos cuenta que cada vez somos más las mujeres que cuestionamos, que estudiamos, que nos organizamos y esto trae mucha responsabilidad porque todavía hay mucho por hacer y los cambios inician en cada una; en cómo queremos vivir de una manera diferente, cómo nos organizamos con nuestras propias familias, cómo negociamos y hacemos equipo; vamos generando una nueva forma de vernos como mujeres, sin que sea necesariamente lo que ha diseñado la sociedad; incluso cuando nadie lo dice, también tenemos derecho a hablar, a equivocarnos, a aprender, a existir sin pedir permiso. Este mundo no será justo ni estará completo si nuestras voces no están presentes, si nuestras experiencias no son tomadas en cuenta.
Los roles de género no se deconstruyen de un día para otro. Pero se tiene la oportunidad de modificarlos cada vez que alguien se atreve a cuestionarlos, a vivir diferente, incluso a criar distinto, cada vez que alguien educa con respeto y amor.
Porque al final de cuentas, como dijo Viridiana, esto no es una guerra entre hombres y mujeres, sino un movimiento por la paz, para vivir mejor, con más libertad y más verdad.
